GOMORRA (2008) di M. Garrone
Totò tiene trece anni,aiuta la madre a llevar el gasto a domicilio en las casas de la cercanía y sueña con acercar a los adultos, los que giran en el coche en lugar de en ciclomotor, que visten los chalecos antibala, que cuentan el dinero y sus muertos. Pero ponerse grandes, a Scampia, significa hacerlos los muertos, intercambiar la adolescencia con una pistola. O a lo mejor, como les ocurre a Marco y a Ciro, encontrar un arsenal, disparar cañonazos que te hacen sentir invencible. Puedes dar miedo, pero siempre hay quien tiene menos de ello de ti. Imposible huir, se está de una parte o de la otra, y puede ocurrir que la guerra Don Ciro entremete también, Aprendido, una vida de tranquilos puerta-dinero, porque los órdenes son cambiados, el clan se ha partido. Usted puede cambiar profesión, pasar como hace Pasquale de la confección de vestidos de alta costura en una fábrica en negro a conducir por ahí los camiones de la camorra por Italia, pero no se puede salir del Sistema que todo sabe y todo controla. Cuándo Roberto se queja de un sitio rentable y seguro en el campo de la liquidación de los rechazos tóxicos, Franco (Servillo), su empresario, lo reprocha: no crea de ser mejor que los otros.
Matteo Garrone lleva sobre la pantalla Gomorra, libro-escándalo de Roberto Saviano que en Italia ha vendido más de un millón de copias, abriendo el telón sobre la luz artificial y ustionante de una lámpara para camorristas vanidosos y exaltados. El sol ya no ilumina las provincias de Nápoles y Caserta, imposible alumbrar esta tierra oscura y extranjera al punto que los italianos necesitan los subtítulos para descifrarla. Estamos en otro país: al infierno. Qué no se encuentra en el centro de la tierra, pero sólo pocos metros abajo del estatal o bajo el cultivo de las pescas que comemos todo, nutren de escorias letales, transformadas en bombas que siembran tumores con la complacencia de los respetables empresarios del Norte.
La película de Garrone está cruda y congojoso, retomado por el auténtico, musicato del sonido de los gritos y los disparos de Scampia. Se dijo una vez “justo”, cuando decir “bonito” no tuvo sentido. Justo, pues.
VOTO: 8
